TEMA DE INVESTIGACIÓN ASIGNACIÓN N° 2 AUTOPSIA PSICOLÓGICA

TEMA N° 2

EN ESTA SECCIÓN SE DEBEN ANALIZAR LOS CINCO (5) ARTÍCULOS SIGUIENTES:

1.- “LA AUTOPSIA PSICOLÓGICA EN LA INVESTIGACIÓN CRIMINAL”

2.- "LA AUTOPSIA PSICOLÓGICA EN EL HOMICIDIO "

3.- "DEL MUNDO DE LA MEDICINA"

4.- "“AUTOPSIA PSICOLÓGICA: UNA HERRAMIENTA ÚTIL PARA EL PERITAZGO PSICOLÓGICO" 

5.- "CRIMEN CONTRA NATURA: ANDRÉS SORENSEN MARTÍNEZ"

Autopsia Psicológica


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Lunes 29 de agosto de 2005


“LA AUTOPSIA PSICOLÓGICA EN LA INVESTIGACIÓN CRIMINAL”

Hace algún tiempo cuando nos iniciabamos en este apasionante mundo de la investigación criminal, leimos las consideraciones de Le Moyne Snyder acerca de lo engañoso de la determinación del suicidio y sus planteamientos de que "generalmente lo que falta es el factor determinante, es decir, lo que acontecía en la mente de la víctima contemporaneamente con la hora de su muerte" (1) y que "un fallecimiento no debe ser clasificado como suicidio hasta que se haya descartado cualquiera otra posibilidad que lo explique" (1) nos hicieron reflexionar en torno a la relevancia de la exploración psicopatológica del occiso.

Conceptualmente, la exploración retrospectiva e indirecta de la personalidad y la vida de una persona ya fallecida se denomina Autopsia Psicológica, se trata de hacer una evaluación despues de la muerte de como era la víctima en vida, es una reconstrucción sociopsicopatológica postmortem.

Como antecedente histórico del surgimiento de la autopsia psicológica se recoge en nuestro país el análisis del Teniente Jack Lester Mee, víctima de un homicidio a manos de su amante, en los años 40, este fue solicitado por el letrado de la defensa a los peritos psiquiatras para probar que el occiso era "anormal y peligroso" como justificación al gesto homicida de su cliente. En aquella ocasión los tres Díaz, Padrón y Henríquez estudiaron cartas, el diario íntimo y un libro de poemas escrito por el finado, también revisaron la historia clínica de un hospital militar donde había estado recluido el que resultara víctima, pudiendo establecer que padecía un trastorno de la personalidad particularmente centrado en su vida sexual (2).

La autopsia psicológica como técnica pericial ve la luz en los años 60 en los Estados Unidos como salida a una necesidad administrativa de definir la etiología médicolegal de muertes dudosas donde no había suficientes elementos para afirmar si se trataba de un suicidio o un accidente (3,4). A partir de estos antecedentes y previa revisión de todos los modelos, escalas, guías y formularios encontrados en la literatura especializada (5,6,7,8,9,10,11,12,13,14,15) creamos nuestro modelo al cual llamamos MAP (Modelo de Autopsia Psicológica).

El MAP, a diferencia de todos los modelos revisados está completamente estructurado y sistematizado, de forma tal que se disminuye al mínimo el margen de sesgo, pues todos los exploradores tienen que realizar la exploración de la misma manera, guiándose por un instructivo con posibilidad de respuesta cerrada, precisamente para evitar la inclusión de elementos subjetivos en la valoración de cada caso y además para hacerlo verificable por terceras personas.

Esta metodología fue validada científicamente por nosotros a través de dos investigaciones realizadas durante el período de 1990 a 1994 en víctimas de suicidio y de homicidio que demostraron que recurrir a terceras personas para obtener información de un fallecido resulta confiable, que el método es viable y el instrumento (MAP) aplicable y generalizable.

El rigor científico de estos estudios está avalado por el hecho de haber recibido la condición de Resultado Principal de Investigación de la Vicerrectoría de Investigaciones del Instituto Superior de Ciencias Médicas de la Habana, tanto la primera realizada en suicidas en 1991 (1) como la segunda en víctimas de homicidio en 1994 (2).

Su generalización ya se extiende fuera de nuestro país, desde finales de 1994 el MAP se emplea con éxito en la solución de casos civiles y penales por parte de la Dirección de Servicios Periciales de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Querétaro, en los Estados Unidos Mexicanos.

Pero este proceso que comienza desde el examen de la propia escena de la muerte en los casos penales, no puede ser realizado por el perito solo, se necesita el trabajo en equipo con los criminalistas, médicos legistas e investigadores policiales, solo así lograremos una caracterización profunda y científicamente fundamentada de la víctima.

Cómo se realiza una autopsia psicológica dentro del contexto de la investigación criminal?.

Lo principal en este trabajo es el proceso en sí mismo, el modo de hacer las cosas, que en nuestro caso parte del propio lugar del hecho, allí no solo se pueden levantar huellas objetivizables por los peritos en criminalística, también se pueden levantar las huellas psicológicas que quedan impresas en los espacios que habitó la víctima y en las personas que con ella interactuaron, para el psiquiatra la escena de la muerte emite señales, solo se trata de interpretarlas, de decodificarlas.

El poder estar al lado de los investigadores policiales nos permite sugerir la ocupación judicial de notas, diarios, cartas, que quizá para ellos no tienen valor pero para nosotros sí pues caracterizan al occiso y tal vez entre líneas esté la clave del enigma de su muerte.

El segundo paso es la entrevista a personas que conocieron de cerca al finado, preferentemente familiares, amigos, vecinos, compañeros de estudio, trabajo o religión, relaciones de pareja formales u ocasionales. Es importante aclarar que la selección de las fuentes de información debe excluir a presuntos sospechosos de estar involucrados en la muerte de la víctima, pues obviamente el riesgo de sesgo es muy elevado.

Nuestro estilo de trabajo, al poder intercambiar criterios e hipótesis desde el primer momento con médicos legistas, criminalistas e investigadores policiales, aumenta la eficacia de nuestra técnica de autopsia psicológica al enriquecer el análisis científico de la víctima y de las circunstancias que rodearon a su muerte.

Una vez recogidos todos los elementos necesarios para conformar una caracterización del occiso se realiza una discusión colectiva en la cual participan los peritos y los investigadores policiales y se ofrece un informe pericial en términos probabilísticos pues se trata de una evaluación indirecta y de conclusiones inferenciales que cobran valor solo al sumarse al resto de los elementos criminalísticos, policiológicos y médicolegales.

Cómo discernir a través de la autopsia psicológica entre suicidio, homicidio y accidente, en una muerte dudosa, donde ni el médico legista, ni el investigador policial tienen suficientes elementos para decidir?.

1. Valorando los factores de riesgo suicida, de riesgo heteroagresivo o de riesgo a la accidentalidad.
2. Valorando el estilo de vida del occiso.
3. Determinando el estado mental en el momento de la muerte.
4. Estableciendo las áreas de conflicto y motivacionales.
5. Diseñando el perfil de personalidad del occiso.
6. Determinando si existían señales de aviso presuicida.
7. Determinando si existía un estado presuicida.
     
Tambien como parte de la investigación criminal la autopsia psicológica logra establecer el círculo de sospechosos en los homicidios de autor desconocido, al caracterizar a la víctima con sus conflictos, motivaciones y estilo de vida le estamos ofreciendo a los investigadores policiales elementos de probabilidad en cuanto a posibles autores, quienes tendrían interés en vincularse a este tipo de personas?, es como si dijeramos: para tal víctima busca tal victimario, pues como dijera el profesor Tocaven: no solo se adecuan con frecuencia el autor y la víctima, uno a otro, como la cerradura y la llave, sino que sus condiciones de vida presentan a menudo peculiaridades complementarias (16).

Finalmente queremos comentar algunos casos trabajados donde la autopsia psicológica ha sido decisiva para la investigación criminal:

Caso 1:
     Se trata de la muerte equívoca de un joven de 27 años después de precipitarse de un edificio en horas de la madrugada, se manejaba la posibilidad de un suicidio por tratarse de un individuo con trastornos nerviosos referidos por los vecinos al investigador policial, se hablaba de accidente por el antecedente de ingestión de bebidas alcohólicas, pero también se pensaba en el homicidio por el antecedente de discusiones recientes con un vecino. La autopsia psicológica pudo concluir que se trataba de un retrasado mental con conducta sociopática y un abuso de alcohol y drogas sin dependencia, así como también descartamos cualquier elemento de un síndrome presuicida. Dadas las dificultades en las relaciones interpersonales y el ambiente disocial en el cual se desenvolvía se encontró un franco predominio de factores de riesgo heteroagresivo, lo cual, unido a la ausencia de un estado presuicida y de antecedentes de accidentalidad, nos hizo dar como hipótesis más probable la homicida. Al avanzar las investigaciones aparecieron elementos que confirmaron esta hipótesis.

Caso 2:

Se trata de los restos óseos de una mujer de mediana edad que son encontrados relativamente cerca de su domicilio pasado un año de su desaparición y durante las investigaciones aparecen elementos aportados por familiares, vecinos y conocidos que indican que esta persona padecía trastornos nerviosos y que había comentado su intención de quitarse la vida. No obstante, existían elementos que ofrecían dudas a la instrucción: el lugar donde aparecen los restos, la ausencia del dogal tratándose al parecer de una asfixia, la existencia de un presunto beneficiario de sus bienes, etc.- Revisamos las historias clínicas de los hospitales donde esta señora estuvo ingresada en servicios de Psiquiatría y recogimos antecedentes aportados por la familia encontrando elementos para plantear una personalidad histérica con descompensaciones frecuentes y tendencia a la depresión que en los últimos tiempos había sufrido una decepción en su vida amorosa después de la cual dió señales anunciadoras de un propósito suicida, además el día de su desaparición alejó a su madre y única conviviente de la casa y luego desapareció. El lugar donde aparece es cercano al domicilio pero no resulta frecuente el tránsito por el mismo.

Con estos antecedentes y dadas sus características de personalidad y la evidente emisión de señales de aviso concluimos que la víctima presentaba un estado o síndrome presuicida y que la hipótesis más probable es la suicida, con lo cual no descartamos la posibilidad de una acción criminal sobre ella, la cual debe siempre ser descartada policialmente, en este caso efectivamente una minuciosa investigación policial no encontró ningún indicio de criminalidad y con el análisis así realizado de conjunto entre peritos e investigadores policiales el caso fue cerrado como un suicidio.

Caso 3:

Se trata de la precipitación de un individuo del cuarto piso de un hotel en el cual se encontraba hospedado, todas las personas presentes en las inmediaciones lo vieron arrojarse, a ojos vistas era un suicidio, el problema venía dado porque este señor poseía un seguro de vida, el cual no sería pagado si se había privado voluntariamente de su vida. En este caso existía un testigo directo que, poco antes del hecho, había sido llamado por la seguridad hotelera para ayudar a calmar al que resultara occiso ya que estaba alterando el orden, había salido desnudo al pasillo y "parecía que estaba borracho". Previa revisión de la declaración de este testigo, hicimos una reconstrucción de su dicho en el lugar del hecho, resultando que éste se le había encarado a la víctima pudiendo comprobar que no tenía aliento etílico a lo cual él pensó: "si no está borracho está loco", lo llevó hasta un diván en el lobby del cuarto, en lo que el guardia de seguridad bajó a buscar un médico para que lo inyectaran. En ese breve tiempo trató de darle un beso en la boca al testigo y a otro huesped que pasaba le tocó los glúteos y acto seguido le dijo al testigo: oh, mira, mira que larga trenza, y colocó las manos como quien tuviese la trenza atrapada y salió corriendo por el pasillo al final del cual saltó la baranda y cayó al vacío.

Este testigo nos explicó todo esto muy gráficamente comentando además que lo miró "como si no me viera", que sudaba profusamente al punto de que él trató de sujetarlo cuando emprendió su carrera y no pudo, pues estaba "tan mojado" que el brazo "se le rodó de las manos".
Luego recibimos un resumen de historia clínica donde se refería el antecedente de un traumatismo craneal con pérdida de conciencia después del cual había tenido episodios de automatismo de semiología compleja por lo cual estaban estudiando la posibilidad de una Epilepsia Post-Traumática. El episodio gráficamente narrado por el testigo era perfectamente compatible con un estado crepuscular epiléptico con alucinaciones complejas visuales y táctiles (veía y tocaba la trenza) y con un estado de excitación que le provocaba entre otros sudoración profusa.

El estado crepuscular epiléptico es un estado de total turbación de la conciencia donde el suicidio es implanteable pues conceptualmente el suicidio es la decisión consciente y voluntaria de privarse de la vida y aquí es imposible hablar de decisión consciente y voluntaria al estar completamente tomada la conciencia.

De esta manera el caso fue cerrado como accidente y la familia cobró su seguro de vida.

En estos ejemplos se pone de manifiesto una vez más la necesidad de trabajar muy unidos a todos los compañeros de la investigación policial, sin su ayuda nuestra pericia no puede ser buena y sin la nuestra su investigación no será completa.

La autopsia psicológica es una pericia difícil con la cual solamente cuentan algunos países desarrollados donde el estudio de las muertes equívocas exhibe un alto nivel científico, el tenerla a nuestra disposición supone un paso de avance importante en la elevación de la calidad científico-técnica y la profesionalidad de la investigación criminal.
 
Bibliografía:
1. Snyder, L. M. Investigación de Homicidios. Edit.Cptan San Luis, 1984, p.19.
2. Díaz Padrón, J. A.; Henríquez, E.C. Análisis psicológico de un muerto (el homicidio del Teniente Jack Lester Mee). Responsabilidad criminal ante los tribunales, p.243-75.
3. Litman, R.E. et al. Investigation of equivocal suicides. JAMA, Vol 184, 1963, p.924-29.
4. Litman, R.E. Psychological-psychiatric aspects of certifying modes of deaths. J Forensic Sc, Vol 13, No.1, Jan 1968, p.46-54.
5. Weissman, A. D. et al. The psychological autopsy: A study of the terminal phase of life. Cannon Ment Health. 4-59, 1968.
6. Blachley, P. H. et al. Suicide in proffesional groups. N Engl J Med 1963; 268: 1278-82.
7. Douglas, A.; Sargent, M. D. Preventing physician suicide. JAMA, June 1987, Vol 257, No.21, p.2955.
8. Sargent, D. A. et al. Preventing physician suicide: the role of family, colleagues and organized medicine. JAMA 1977; 237: 143- 45.
9. Terroba, G.; Saltijeral, M. T. La autopsia psicológica como método de estudio del suicidio. Sal Pub Mex.Vol 25: 285-93, 1983.
10.        Ross, M. Suicide among physicians: A psychological study. Dis Nerv Syst. 1973; 34: 145-50.
11.        Diller, J. The psychological autopsy in equivocal deaths. Perspective in psychiatric care, Vol 17, No.4, Jul-Aug 1979, p.156-61.
12.        Spellman, A.; Heyne, B. Suicide? Accident? Predictable? Avoidable?. The psychological autopsy in jail suicides. Psychiatric O; 1989 Summer; 60(2); p.173-83.
13.        Andersson-Segesten, K. The last period of life of the very old. A pilot study evaluating the psychological autopsy method. Scand J Caring Sci; 1989; 3(4), p.177-81.
14.        Brent, D. A. et al. The psychological autopsy: methodological considerations for the study of adolescent suicide. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry 27/3 (362-66), 1988.
15.        Shafii, M et al. Psychological autopsy of completed suicide in children and adolescents. Am J Psychiatry 142: 1061-64, 1985.
16.        Tocaven, R. Curso Internacional Victimología y Delito. La Habana, Octubre 1993.


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Google 30 de agosto de 2005.

MEDICINA LEGAL DE COSTA RICA

Med. leg. Costa Rica v.15 n.1-2 Heredia dic. 1998

La autopsia psicológica en el homicidio
Modalidad: conferencia

Dra. Teresita García Pérez
Psiquiatra Forense, Instituto de Medicina Legal La Habana, Cuba. 

Resumen
 
Una de las dificultades típicas en el estudio del homicidio es que no contamos ya con la víctima, no conocemos su versión de los hechos, sus sentimientos, su situación durante el crimen.

Precisamente con el objetivo de estudiar a la víctima de homicidio, diseñamos un modelo al que llamamos MAP-II (modelo de autopsia psicológica para víctimas de homicidio) y validamos una metodología para su aplicación.

Se trata de un método de exploración indirecta y retrospectiva con principios metodológicos similares a los aplicados para el suicida pero con especificidades propias de este tipo de víctimas, por ejemplo la selección de las fuentes de información es imprescindible hacerla previa consulta con los investigadores policiales para evitar que se trate de personas incluidas en el círculo de sospechosos.

Neuman afirma que un estudio de la criminogénesis no puede ser relevante y serio si no se tiene en cuenta el papel jugado por la víctima y en qué medida ella ha contribuido, conciente o inconcientemente al acto.

Apoyando esta afirmación podemos comentar que en el estudio realizado por nosotros en 1994 más del 40% de las víctimas de homicidio cumplían los requisitos de las llamadas “víctimas provocadoras”, eran personas difíciles, desafiantes, prestas a la provocación.

También en el campo penal si se demuestra que el occiso era una víctima provocadora activa de violencia, puede significar en manos de un defensor hábil, una atenuante para el victimario al restablecer la dinámica previa del hecho y las justas motivaciones que precipitaron el “paso al acto homicida”. Se trata de homicidios provocados inconscientemente por la propia víctima.

Con nuestro modelo de autopsia psicológica contribuimos a lograr una aproximación a la dinámica interna del homicidio, partiendo del análisis del factor victimal muchas veces olvidado, y demostramos científicamente la participación a menudo determinante de la víctima en su propia muerte.

Palabras claves
MAP-II, autopsia, homicidio, víctima, método, motivación, provocadores, dinámica, participación, determinante.

La privación de la vida (propia o ajena) es sin lugar a dudas la conducta más grave que puede realizar un ser humano. Desde el punto de vista victimológico es irreparable, es la desaparición de la víctima directa, es el funto final del “iter victimae” (1).
El profesor Rodríguez Manzanera plantea que una de las dificultades típicas en el estudio del homicidio es que no contamos ya con la víctima, no conocemos su versión de los hechos, sus sentimientos, su situación durante el crimen, etc. (2).

Precisamente con el objetivo de estudiar a la víctima de homicidio diseñamos un modelo al que llamamos MAP-II (Modelo de Autopsia Psicológica para víctimas de homicidio) y validamos una metodología para su aplicación, a través de la investigación de todas las víctimas de homicidio de los casos procesados por el Departamento Provincial de Operaciones Policiales de la Ciudad de La Habana (Sección de Homicidios) en el año 1994 (3).

Se trata de un método de exploración indirecta y retrospectiva con principios metodológicos similares a los aplicados para el suicida pero con especificidades propias de este tipo de víctimas, por ejemplo la selección de las fuentes de información es imprescindible hacerla previa consulta con los investigadores policiales para evitar que se trate de personas incluidas en el círculo de sospechosos.
Mucho más que en el suicidio, en el homicidio es importantísimo acudir a la escena de la muerte y trabajar en estrecha colaboración con todos los participantes en la investigación criminal (los investigadores policiales, los especialistas en criminalística, los médicos forenses) pues cada uno aporta elementos de su especialidad que pueden ser decisivos para conformar la autopsia psicológica.   El lugar del hecho habla y cada miembro del equipo de investigación busca en este lo que le interesa; la policía los elementos policiológicos, indicios, evidencias; los médicos legistas los signos de violencia en el cadáver; los criminalistas las máculas, las huellas; también el psiquiatra forense busca las “huellas psicológicas” de la víctima y del victimario.
En ocasiones está todo: el cadáver, el arma homicida, las pruebas criminalísticas, el autor del crimen, pero falta el móvil, la motivación, a veces confusa e ignorada hasta para el propio victimario, y es aquí donde la Psiquiatría Forense entra a jugar su papel y muchas veces la clave del enigma está en la caracterización psicopatológica de la víctima.

Como planteaba Von Heutig en su obra El Asesinato, “la víctima no es únicamente un objeto inanimado sino elemento activo en la dinámica del asesinato” (4), tan es así que Neuman afirma que un estudio de la criminogénesis no puede ser relevante y serio si no se tiene en cuenta el papel jugado por la víctima y en qué medida ella ha contribuido, consciente o inconscientemente, al acto (5).

Apoyando esta afirmación podemos comentar que en el estudio realizado por nosotros en 1994, más del 40% de las víctimas de homicidio cumplían los requisitos de las llamadas “víctimas provocadoras” (6, 7, 8), eran personas difíciles, desafiantes, prestas a la provocación.
 
Pero además de la caracterización victimológica del homicidio, la autopsia psicológica logra establecer el estado mental de la víctima en el momento de su muerte y previo a la misma, lo cual resulta de medular importancia en el campo penal, pues a partir de este dictamen puede variar la tipificación delictiva de homicidio simple a homicidio calificado (asesinato), con la correspondiente variación del marco sancionador, vamos a poner un ejemplo:

Se trata de un caso trabajado por nosotros, un retrasado mental de moderado a severo con tendencias homosexuales que resulta ultimado por un individuo de pésimos antecedentes penales, después de consumar acceso carnal con empleo de violencia física contra la víctima. El victimario plantea que el occiso se le había ofrecido sexualmente y que como él estaba algo ebrio había accedido y que durante la ejecución del coito lo había estrangulado sin ser esa su intención. Independientemente de que las lesiones que presentaba el cadáver descartaban la versión del acusado, el determinar que se trataba de una víctima carente de facultad para comprender el alcance de su acción y dirigir su conducta, tipificaba automáticamente el delito como asesinato, pues el autor actuó contra una persona psicológica y jurídicamente indefensa.

También en el campo penal si se demuestra que el occiso era una víctima provocadora activa de violencia, puede significar en manos de un defensor hábil, una atenuante para el victimario al restablecer la dinámica previa del hecho y las justas motivaciones que precipitaron el “paso al acto homicida”.

Se trata de homicidios provocados inconscientemente por la propia víctima (9)

Finalmente queremos comentar la utilidad de la autopsia psicológica en la investigación policial del homicidio de autor desconocido, a partir del establecimiento del perfil sociopsicológico de la víctima, su estilo de vida, sus intereses, motivaciones, aspiraciones, áreas de conflicto. Se le ofrece a los investigadores una caracterización probabilística de quienes pudieran vincularse a este tipo de persona, es como si les dijera: para tal víctima, busca tal victimario, pues como dijera Von Hentig “por la selección de una víctima determina, el criminal deja, aun si trabaja con guantes de goma, una forma imborrable de huellas dactilares” (10); esto contribuye a estrechar el círculo de sospechosos y a ahorrar recursos a la investigación criminal.

Nuestra metodología está siendo utilizada con éxito no solo en Cuba, sino también en el Estado de Querétaro, México, por parte de los Servicios Periciales de la Procuraduría General de Justicia del Estado, lo cual avala que es aplicable, independientemente del sistema de investigación criminal y administración de justicia.

La tendencia creciente en el comportamiento estadístico del homicidio en el continente americano (11) nos compromete, como profesionales vinculados al estudio de las muertes violentas, a tratar de arrojar luz sobre las causas y condiciones que inciden en este complejo fenómeno que, como nos dice Rodríguez Manzanera, no es fácil de explicar porque influyen en el mismo demasiados factores (12).

Con nuestro modelo de autopsia psicológica contribuimos a lograr una aproximación a la dinámica interna del homicidio, partiendo del análisis del factor victimal muchas veces olvidado y demostramos científicamente la participación a menudo determinante de la víctima en su propia muerte, fundamentalmente en las llamadas subculturas violentas (13, 14, 15. 16), si nuestra experiencia puede ser útil a otros países del área nos sentiríamos muy gratificados.

Bibliografía
Rodríguez Manzanera, L. Victimología. Estudio de la víctima. 2da Ed. Edit. Porrúa, México, 1990, p.254.
Rodríguez Manzanera, L., op. cit. (Victimología), p.258.
García Pérez, T.: La autopsia psicológica como método de estudio de la víctima de homicidio. Trabajo presentado al Forum de Ciencia y Técnica Criminalística de la Ciudad de la Habana, 1994.
Heutig, Hans Von. El asesinato. Espasa-Calpe, Madrid, España, 1962, p.273.
Neuman, E. Victimología. Ed. Cárdenas, México, 1989, p.23.
Fattah, E. Towards a criminological clasification of victims, International Criminal Police Review, USA, 1967, p.209.
Ermentini, A.; Gulotta, G. Psicología, psicopatología y delito, Guiffré, Milán, Italia, 1971, p.211.
Rodríguez Manzanera, L., op. cit. (Victimología), p.96.
Ibidem, p.259.
Heutig, Hans Von. op. cit. (El asesinato), p. 273.
Yunes, J. Mortalidad por causas violentas en la región de las Américas. Bol. Epidemiol. OPS, Jul. 1994, 15(2).
Rodríguez Manzanera, L. El homicidio en México. Criminología en América Latina, UNICRI, pub. 33. Roma, Mayo 1990, p. 155.
Neuman. op. cit., p. 134.
Rodríguez Manzanera, L., Criminología. Ed. Porrúa, S.A., México 1993, p. 473.
Ruiz Funes, M. Estudios Criminológicos, Ed. Jesús Montero, Bibliot. Juríd de Autores Cuba y Extranj. Vol. CLV, 1952, p. 38.
Ortiz, F. Los negros curros. Ed. Ciencias Sociales, la Habana, 1976.
 
 * Psiquiatra Forense, Instituto de Medicina Legal La Habana, Cuba   


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Google 30 de agosto de 2005

DEL MUNDO DE LA MEDICINA
Por: Magali González Camacho
Copyright © 2000-2005, Revista 16 de Abril
Fecha de Ultima Actualización: 14 de Agosto de 2005
Webmaster: Adrián Gómez Collantes

Novedoso método cubano de autopsia sicológica

Un grupo de especialistas cubanos desarrollaron un método de autopsia psicológica que permite identificar los valores asociados a las muertes violentas, y por tanto, prevenirlas. El instrumento, desarrollado por la psiquiatra forense Teresita García, del Instituto de Medicina Legal, permite realizar un diagnóstico pericial acertado, tanto en víctimas de suicidio u homicidio, así como de accidentes.

Con un enfoque más objetivo que sus predecesores, el método cubano de autopsia sicológica incluye una ficha socio-demográfica, examen psiquiátrico retrospectivo de la víctima, caracterización sicológica, áreas de conflicto y señales pre-suicidas.

Según comenta la autora del moderno dispositivo, la autopsia sicológica es un procedimiento para evaluar, después del fallecimiento, cómo era la víctima antes de morir y se usa para definir la causa medicolegal de la muerte dudosa, donde una de las hipótesis es el suicidio.

A través de los familiares de primera línea, amigos, vecinos, compañeros de trabajo o estudio y médicos de asistencia u otro personal de salud que hubiese tratado al fallecido, el experto forense puede reconstruir un retrato sicológico de la persona.

El método perfeccionado por García es de utilidad en la prevención de la violencia, ya sea suicidio, homicidio o accidentes, pues reconoce las causas de esas muertes, presenta cuales son las poblaciones vulnerables y ayuda a diseñar programas preventivos.

Su utilización ha revelado ventajas, además, para lograr la caracterización de la víctima en el homicidio, lo cual resulta de vital importancia para la prevención criminal, teniendo en cuenta que se trata de un fenómeno de tendencia creciente y causante de notables pérdidas biosociales.


Google 30 de agosto de 2005.

La autopsia psicológica en muertes violentas

Referencia: García Pérez T.

La autopsia psicológica en muertes violentas. Rev Esp Med Leg 1999; XXIII(86-87): 75-82.

Autor:

Teresita García Pérez

Dra en Ciencias Médicas. Psiquiatra Forense. Instituto de Medicina Legal de la Ciudad de La Habana.

Profesora Adjunta. Cátedra de Derecho Penal. Universidad de La Habana.

Correspondencia:

Instituto de Medicina Legal de La Habana Avda. Independencia y Hernán cortés s/n. Plaza de la Revolución. Ciudad de la Habana CP 10600 CUBA

Correo electrónico: medleg@infomed.sld.cu

RESUMEN: Este trabajo consiste en la síntesis de la validación de la autopsia psicológica como método de estudio de las víctimas de muerte violenta (suicida, homicida y accidental), el procedimiento estadístico que la sustenta, los principales resultados alcanzados en cada uno de los pasos de la investigación y algunas consideraciones generales. Esta metodología, que constituyó la tesis de Doctorado en Ciencias Médicas de la autora, se aplica en Cuba, así como en México, Chile y Honduras, hasta el momento.


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Google 31 de agosto de 2005.

Autora: Adrea Rodríguez

“Autopsia Psicológica: Una herramienta útil para el peritazgo psicológico”

Una de las técnicas más importantes y utilizadas en la comprensión de los comportamientos criminales es la del peritazgo psicológico. En el cual el psicólogo despliega todos sus conocimientos en el ámbito legal y psicológico. Entre estos peritajes se encuentra la denominada Autopsia Psicológica.

Este procedimiento es considerado como un proceso de recolección de datos del occiso que permite reconstruir su perfil psicológico y el estado mental antes del deceso. Para el desarrollo de dicho procedimiento, es necesario el trabajo interdisiciplinario entre médicos, abogados psiquiatras y psicólogos forenses. (Acevedo, Nuñez y Pinzón, 1999). 

La Autopsia Psicológica como técnica pericial surge en los EE.UU. como una necesidad administrativa de definir la etiología médico legal en los casos de muertes dudosas donde no se contaba con los elementos suficientes para afirmar si se trataba de un suicidio o un accidente. Sin embargo, a pesar que esta técnica es bastante conocida y utilizada en EE.UU. no se ha establecido un procedimiento estandarizado para llevarlo a cabo.

Diversos autores Litman, Curphey, Shneidman, Farberow y Tabachnick, 1952; Shneidman, 1960-1964 (Citados por Shneidman, 1994b) plantean que para la realización del PAP se debe tener en cuenta varias categorías entre las cuales menciona: el estilo de vida del occiso, historia de vida, problemas económicos o sociales, relaciones interpersonales, rasgos de la personalidad, intentos anteriores de suicidio, posibles enemigos, entre otros. 

Según Ebert (1991), los principales objetivos de la Autopsia Psicológica se dividen en cuatro:

Primer Objetivo: Determinar la manera de la muerte en casos de equívocos que necesitan ser distinguidos. Las maneras de muerte son: a) natural, b) accidental, c) suicidio y d) homicidio; este tipo de sistema es conocido por la sigla NASH. Generalmente, en algunos casos, la manera de muerte es bastante clara, lo que no ocurre con el modo como sucedieron los hechos.

Segundo Objetivo: Averiguar el momento y el tiempo en el cual se produjo la muerte; para esto, el investigador debe indagar acerca de diferentes situaciones de la vida del occiso y tratar de relacionarlas con el hecho.

Tercer Objetivo: Obtener la información suficiente para evaluar los datos obtenidos de diversos intentos de suicidio, con el fin de prevenir dichos intentos y la letalidad de los mismos.

Cuarto Objetivo: Según el mismo autor, es terapéutico para la familia y los amigos del occiso. La entrevista y la investigación en general son mecanismos terapéuticos para estas personas, ya que permite comunicar pensamientos y sentimientos sobre la persona fallecida, de igual forma, la percepción que cada uno tiene sobre la muerte de aquella persona cercana, que por lo general es de culpa, dolor, vergüenza, resentimiento, entre otras.

De igual manera, la Autopsia Psicológica tiene como función ayudar a esclarecer los casos de muerte dudosa: suicidio, homicidio y accidente, donde ni el médico legista, ni el investigador policial tienen suficientes elementos para decidir, lo anterior se puede determinar:

1. Valorando los factores de riesgo suicida, de riesgo heteroagresivo o de riesgo de accidentalidad.
2. Valorando el estilo de vida del occiso.
3. Evaluando el estado mental en el momento de la muerte.
4. Estableciendo las áreas de conflicto y motivacionales.
5. Diseñando el perfil de personalidad del occiso.
6. Esclareciendo si existían señales de aviso presuicida.
7. Esclareciendo si existía un estado presuicida.

Ante un comportamiento o hecho que eventualmente no tienen una explicación clara, pero que podría llegar a tenerla si se estudian minuciosamente lo hechos antecedentes y consecuentes a lo sucedido, se podría inferir comportamientos o acciones llevadas a cabo bajo condiciones únicas y especiales que llevaron a la consecución de los hechos, por lo cual la psicología y la psiquiatría tienen mucho que aportar. 

Shneidman, padre de la técnica, 1973-1977 (Citado por Ebert, 1991) propone tres categorías para estudiar los casos de muerte dudosa: a) el qué, b) el cómo y c) el porqué, en relación con la persona que cometió el suicidio; la causa actual de muerte con especial énfasis en el tiempo y la determinación de la forma en que ocurrió.

Como parte de la investigación criminal la Autopsia Psicológica también logra establecer el círculo de sospechosos en los homicidios de autor desconocido, al caracterizar a la víctima con sus conflictos, motivacionales y estilos de vida, se le ofrece a los investigadores policiales elementos de probabilidad en cuanto a posibles autores, quienes tendrían interés en vincularse a este tipo de personas.
Aunque la aplicación de la Autopsia Psicológica se hace de acuerdo a la legislación de cada país, cada equipo de trabajo decide la forma de proceder en la etapa de la recolección de datos. Shneidman, 1981 (citado por Thomas Young, 1992) argumenta que, cuando va a iniciar una investigación, nunca tiene un modelo sistemático de cómo la va a realizar. Es por este tipo de aseveraciones que muchos investigadores se sienten muy incrédulos frente a la validez y confiabilidad del procedimiento.

Por esta razón, Annon (1995) y Young (1992), plantean que uno de los serios problemas a los que se ve enfrentado el Protocolo de Autopsia Psicológica (PAP) es la falta de estandarización, pues cada persona o equipo que lo aplica tiene un estilo diferente y particular de realizarlo, lo cual afecta, según estos autores, notablemente los índices de validez del procedimiento. Es decir, no existe un modelo estructurado y sistematizado que disminuya el margen de sesgo.

Sin embargo, el número de autores que han escrito sobre el PAP es proporcional al número de modelos propuestos para realizar una investigación. En algunos casos se le da prioridad a unos aspectos y en otros se omiten.

Young, propone 15 categorías que se deben incluir al llevar a cabo dicha investigación:

1. Identificar la información personal del occiso (nombre, apellidos, edad, sexo, ocupación, religión, estado civil, etc.)
2. Detalles de la muerte.
3. Historia de la familia (hermanos, esposa, enfermedades médicas y tratamientos, intentos de suicidio, etc.)
4. Historia de muertes familiares.
5. Modelos familiares de reacción frente al estrés.
6. Tensiones recientes o problemas del pasado.
7. Historia de alcohol y drogas en la dinámica familiar.
8. Relaciones interpersonales.
9. Fantasías, sueños, presentimientos y pensamientos frente a la muerte, suicidio o accidentes que precedieron la muerte.
10.        Cambios en los hábitos, aficiones, alimentación, patrones sexuales y otras rutinas antes de la muerte.
11.        Información que relate los planes de vida.
12.        Evaluación de intención.
13.        Tasa de letalidad.
14.        Reacción de las personas que recibieron la noticia de la muerte.
15.        Comentarios y anotaciones especiales.

Para realizar un procedimiento más elaborado y completo, es importante que el investigador visite y estudie el lugar donde se encontró el cuerpo, ya que esto le puede permitir obtener más pistas que ayuden a avanzar en el proceso. El psicólogo como investigador tiene la posibilidad de diseñar un perfil de la escena del crimen, además de hacer un bosquejo de la personalidad del sujeto que habitaba en el lugar, a partir de detalles tales como: los objetos hallados, la disposición de los muebles, etc.

Jack Annon (1995) propone otro de los modelos para llevar acabo un proceso de AP, en el cual se plantean como pasos a seguir los siguientes:

  • Examen cuidadoso de la escena donde sucedieron los hechos, examen de fotos y grabaciones en video de la escena. 
  • Estudio de los documentos disponibles, concernientes a la situación donde sucedieron los hechos, en el cual se incluye el reporte policial, declaración de testigos, reporte de la autopsia médica y de toxicología. 
  • Documentos que informen sobre la vida de la víctima antes de la muerte, como notas del colegio, notas de visitas previas al médico, notas sobre la salud mental, información laboral, etc. 
  • Entrevista con personas relevantes como testigos de la escena de los hechos, miembros de la familia, amigos, compañeros de trabajo, etc.

Este autor (1995), afirma que algunos científicos del comportamiento plantean que se deben dedicar de 20 a 30 horas de investigación para formular una opinión preliminar sobre el estado particular de la mente de un individuo antes de su muerte. Sin embargo, el tiempo que se emplea está determinado por la facilidad para recolectar la información y las personas que se deben entrevistar.

Autores como Ramirez,1999 (citada por Nuñez, et al., 1999) y Annon (1995) afirman que el tiempo optimo para realizar la entrevista, es entre 1 y 6 meses después de haber ocurrido el deceso, ya que durante estos meses aún se conserva la nitidez del recuerdo y la información obtenida es confiable. De lo contrario las reacciones de duelo pueden, o bien, interferir en la objetividad del recuerdo existiendo la tendencia a idealizar al fallecido o afectar la claridad del recuerdo.

De acuerdo a lo anterior Ramirez, 1999 (citada por Nuñez, et al., 1999) considera que los entrevistadores deben recibir un entrenamiento preliminar en el manejo del instrumento y en el estilo de comunicación que se debe utilizar dependiendo del modo de muerte de la víctima. El entrevistador debe permitir que la información fluya libremente, es decir, debe dejar hablar al informante sin interrumpirlo y sólo al final, si es necesario, puntualizar en algún detalle o hacer algunas preguntas directas.

En relación con las fuentes de información se debe seleccionar, por lo menos, dos fuentes con el objetivo de cruzar los datos ofrecidos en busca de confiabilidad. Se deben seleccionar parientes de primera línea, convivientes, allegados o médicos de asistencia. Las condiciones para realizar la entrevista deben ser estrictas; cada fuente deber ser entrevistada de forma individual y en privado, evitando que la opinión de una influya en la otra, lo cual afectaría a la confiabilidad de la información. El tiempo promedio de la entrevista debe ser de dos horas, aunque en ocasiones es necesario extenderse un poco más.

La misma autora también plantea que debe tenerse en cuenta la revisión de documentación adicional y disponible tales como: historias clínicas, expedientes medico-legales, expedientes judiciales, así como, cartas, diarios, notas, poemas, etc. 

La Autopsia Psicológica es una técnica difícil con la cual cuentan sólo algunos países desarrollados; en dicha técnica el estudio de las muertes equívocas exige un alto nivel científico, por tal motivo, tenerlas a nuestra disposición posibilita un avance importante en el aumento de la calidad científico-técnica y la profesionalidad de la investigación criminal. (García, 1993).

Uno de los países de habla hispana con mayor trayectoria en el tema de Autopsia Psicológica es Cuba. A partir de múltiples revisiones de los modelos, escalas, guías y formularios encontrados en la literatura especializada han creado su propio modelo al cual inicialmente denominaron MAP (Modelo de Autopsia Psicológica); a medida que incorporaron otros ítems durante la validación, de dicho modelo, en víctimas de suicidio, homicidio y accidente, lo han perfeccionado hasta llegar al que actualmente utilizan, el MAPI (Modelo de Autopsia Psicológica Integrado).

Según García Pérez (1999), el MAPI a diferencia de todos los modelos revisados está completamente estructurado y sistematizado, de forma tal que se disminuye al mínimo el margen de sesgo, debido a que todos los peritos o auxiliares de la justicia que aplican dicho protocolo deben realizarlo de la misma manera, guiándose por un instructivo con posibilidad de respuesta cerrada, precisamente para evitar la inclusión de elementos subjetivos en la valoración de cada caso y, además, para hacerlo verificable por terceras personas.

La metodología científica utilizada para validación del MAPI, fue desarrollada por el Ministerio de Salud Pública y el Instituto de Medicina Legal de Cuba a través de tres investigaciones realizadas durante el período de 1990 a 1996 en víctimas de suicidio, homicidio y accidente, las cuales demostraron que recurrir a terceras personas para obtener información de fallecido resulta confiable, que el método es viable y el instrumento MAPI es aplicable y generalizable. (García, 1999).

La aplicación del MAPI, actualmente, se extiende fuera de Cuba, desde finales de 1994 y se emplea con éxito en la solución de casos civiles y penales por parte de la Dirección de Servicios Periciales de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Querétaro, en los Estados Unidos Mexicanos, desde 1997 se utiliza por los servicios médicos-legales de Chile para el estudio de suicidios. La dirección de Medicina Forense de Honduras introdujo la técnica en 1998 para casos civiles y penales, en especial para la solución de muertes dudosa, equívoca o por investigar, con la peculiaridad de la incorporación de licenciados en Trabajo Social en calidad de peritos. A partir de 1999 este método fue incluido dentro de las técnicas disponibles para la investigación de homicidios en Costa Rica, por parte del ministerio Público. 

En Colombia el empleo de la Autopsia Psicológica como técnica en el área de la Psicología Forense se ha visto muy limitada por varias razones; por ejemplo, la falta de especialización a nivel teórico y metodológico del psicólogo en esta área, así como también la falta de instrumentos validados en el contexto colombiano que permitan esclarecer de manera confiable los casos de muerte dudosa. En países como España y EE.UU. hablar de Autopsia Psicológica no es algo novedoso. Sin embargo, en Colombia existen pocos escritos que definan y expliquen el procedimiento denominado Autopsia Psicológica.

Para proporcionar ésta prueba judicial, las ciencias forenses como la psiquiatría y la psicología enfrentan a menudo tareas muy difíciles tales como determinar el estado mental de un acusado en el momento de los hechos, peor aun, cuando ha transcurrido algún tiempo desde el momento de su ocurrencia. En ocasiones, la labor del psiquiatra o psicólogo se vuelve más compleja cuando se trata de determinar el estado mental de una persona ya fallecida en el momento de su muerte

No obstante, la vida psíquica del ser humano deja huella de una u otra forma: en documentos, obras de arte, espacios habitados a lo largo de su existencia, en la forma como se relacionaban con las otras personas, etc. 

El aspecto principal de la Autopsia Psicológica es el proceso en sí mismo y el modo como se llevan a cabo las cosas (García, 1999). Dicho proceso parte desde el mismo lugar de los hechos, en el cual no sólo se pueden levantar huellas objetivizables por los peritos en criminalística, también se pueden levantar las huellas psicológicas que quedan impresas en los lugares en que estuvo la víctima y en las personas que interactuaron con ella. La función del psicólogo o del psiquiatra que realiza el peritazgo es decodificar e interpretar las señales que emite la escena del crimen.

Dentro del contexto de la investigación criminal el proceso de la Autopsia Psicológica comienza desde el examen de la propia escena de la muerte y no debe ser realizado por un solo perito. Por el contrario, se requiere de un trabajo en equipo con los criminalistas, médicos legistas e investigadores policiales, sólo a sí se lograra una caracterización profunda y científicamente fundamentada de la víctima. García (1993).

Retomando la teoría de la "complejidad" planteada por Morin (1995); es imposible estudiar al hombre desde una sola perspectiva, por tal motivo, para implementar el procedimiento de la autopsia psicológica es necesario un grupo interdisciplinario de expertos que aporten sus conocimientos para conseguir un mejor análisis de las condiciones, relaciones, comportamientos y situaciones de un ser humano muerto en condiciones dudosas. El estudiar al hombre desde una sola dimensión sería un error, ya que nadie puede negar la diversidad de instancias por las que se encuentra atravesando la vida de un ser humano.

En el campo de la Psicología Forense, específicamente en el procedimiento de la Autopsia Psicológica (AP), el poder contar con la ayuda del cuerpo legal (abogados, fiscales, jueces, policías, grafólogos, etc.) es de suma importancia para la investigación, ya que permite la recolección de la información de acuerdo con (Nuñez, et al., 1999) "la puerta de acceso al ámbito judicial; entenderlo y tener la posibilidad de dialogar y confrontar sobre diversos aspectos, como los comportamientos humanos...". Estar al lado de los investigadores policiales permite acceder a elementos judiciales tales como notas, diarios, cartas, que posiblemente para ellos no tiene mucho valor, pero para el psicólogo son fundamentales, ya que caracterizan al occiso y tal vez entre líneas se pueda develar "la clave del enigma de su muerte", (García, ibid). Todos esto aspectos son fundamentales si se quiere lograr una intervención eficaz en el procedimiento de Autopsia Psicológica.

Un segundo paso es la entrevista a personas que conocieron de cerca al occiso, preferiblemente familiares, amigos, vecinos, compañeros de estudio, trabajo o religión, relaciones de parejas formales u ocasionales. Es importante aclarar que la selección de las fuentes de información debe excluir a presuntos sospechosos de estar involucrados en la muerte de la víctima, pues obviamente el riesgo de sesgo es muy elevado. 

García (2000) plantea que una vez recogidos todos los elementos necesarios para conformar una caracterización del occiso se realiza una discusión colectiva en la cual participan los peritos y los investigadores policiales y se ofrece un informe pericial en términos probabilísticos, pues se trata de una evaluación indirecta y de conclusiones inferenciales que cobran valor solo al sumarse el resto de los elementos criminalísticos, policiólogos y médicolegales.

Bibliografía

Annon, J. (1995). The Psycological Autposy. American Journal of Forensic Psychology, 13, 39-48. 

Acevedo, Nuñez, l. y Pinzón, C. (1999). Propuesta para el Dictamen Forense en Casos de Muertes Dudosa
Utilizando el procedimiento Denominado Autopsia Psicológica. Tesis de grado profesional no publicada, Pontificia universidad Javeriana, Santafé de Bogotá. 

Beskow, J. Runeson, B. Y Asgard, U. (1991). Ethical Aspects of Psychological Autopsy. Acta Psychiatrica Scandinavica 84. Pág. 482-487. 

Código Penal (1980/2000). Santafé de Bogotá: Unión Ltda. 

CONFERENCIA LA AUTOPSIA PSICOLÓGICA: ESPECTRO DE APLICACIÓN. (2000: La Habana). Memorias del Contenido Esencial Mínimo del Curso Precongreso. 

Dávila, A. Y Rodríguez, C. (1995). Evaluación Psicológica Forense. Madrid: Pirámide. 

Ebert, B. (1991). Guide to Conducting a Psichological Autopsy. En K. Anchor. The Handbook of Medical Psychoterapy. 249-256. 

García, T. (1993). La Autopsia Psicológica como Método de Estudio del Suicida. Trabajo presentado en el Congreso Internacional de Ciencias Forenses. La Habana.

García, T. (1999). La Autopsia Psicológica como Método de Estudio de Muertes Violentas. Instructivo para La Autopsia Psicológica (Utilizando el MAPI). La Habana. 

Selkin, J. (1994, enero). Psychological Autopsy: Scientific Psychohistory or Clinical Intuition. American Psychologist, 49 (2): 74-76. 

Shneidman, E. S. (1994b). The Psychological Autopsy. American Psychologist, 49 74-76. 

Young, T. (1992). Procedures and Problems in Conducting a Psychological Autopsy. International Journal Offender Therapy and Comparative Criminology 36, 43-52.


























































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